La docencia, un acto de fe y amor por la carrera magisterial
Fue un día amarillo, comenta al recordar con estrellas en los ojos su primer día de trabajo, corría 1968 y ese día había ocurrido un problema en Texcoco, el entonces Distrito Federal se había teñido de tonos ocre y nadie podía ver más de dos metros de distancia, aún así llegó a sus 18 años a cumplir la promesa que se había hecho a los cinco años, cuando colocaba unas cuantas muñecas en círculo y les daba clases a todas, ser maestra.
Siempre lo supo y con esfuerzo se preparó no sólo para ingresar a las filas de la docencia, sino que una vez con la plaza docente continuó estudiando muchos años más la carrera magisterial, por esos días ya habían nacido sus tres hijas, así que se levantaba desde poco antes de las seis de la mañana para preparar a las niñas, sus cosas y correr a la escuela.
Lojero refirió que en la actualidad la profesión de ser maestro se ha devaluado, sin embargo, comenta con orgullo, durante estos 40 años se ha dedicado a actualizarse para mejorar sus prácticas docentes, aunado a que el trabajo docente nunca ha sido de nueve de la mañana al mediodía como se cree comúnmente, y al menos ella, dejaba las aulas para llegar a casa cada día a planear las actividades del día siguiente, revisar trabajos y hacer evaluaciones.
Lamentablemente la labor docente ha perdido un poco de brillo, dice con nostalgia al señalar que en la actualidad los niños quieren ser políticos o narcotraficantes debido a que consideran que son actividades donde al menos “no morirán de hambre”; sin embargo, María Teresa sabe que en los niños de educación primaria que han pasado por sus aulas existe todavía un poco de esperanza.(NOTIMEX)]




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