Derrame en río Sonora sepultó fuente de ingresos y progreso

Derrame en río Sonora sepultó fuente de ingresos y progreso

[EL UNIVERSAL.- Se empobreció el pueblo, la gente está fregada, hay familias que comen una vez al día, algunas actividades económicas se desplomaron en 60% y otras desaparecieron después del 6 de agosto de 2014, cuando ocurrió el derrame de tóxicos por parte de la minera Buenavista del Cobre a los ríos Bacanuchi y Sonora, comenta Ramón Humberto León Ibarrola, habitante de Ures.

Don Ramón califica como una “cochinada” la entrega de los recursos por parte del Fideicomiso Río Sonora, “a muchos afectados no les tocó un peso, mientras a los ricos ganaderos y agricultores que sufrieron pocos daños les tocaron grandes cantidades.

“Los ricos más ricos y los pobres más pobres”, resumió, cuando fue entrevistado en la plaza municipal de Ures, frente al ayuntamiento.

Antes del derrame de 40 millones de metros cúbicos de metales venenosos a las cuencas hidrológicas, los lecheros de Banámichi tenían una economía próspera, con una producción de entre tres mil y cinco mil litros del lácteo diario. Lo poco que producen ahora se vende en Imuris y Hermosillo.

Sergio Yescas, agremiado a la Unión Ganadera Regional de Sonora (UGRS), recordó que los productores ordeñaban 140 reses y después de la emergencia por contaminación se quedaron sólo con 60.

“Más de 80 mil litros de leche fueron arrojados al drenaje y, aunque el gobierno y el fideicomiso nos pagaron una compensación, el negocio se acabó”, comenta con tristeza.

Durante la contingencia estuvo prohibida la venta y entraron fuertes compañías nacionales e internacionales y les arrebataron el mercado. “El pez grande se come a los más chicos. Ni modo”, lamenta.

Para Jesús Miranda Ruiz, la situación ha sido peor. Tenía sembrada una hectárea de chile, otros cultivos preparados de pasto y de ajo; todo lo perdió porque prohibieron el riego, la plantación se secó y calcula que sus pérdidas pudieron llegar a los 200 mil pesos.

No estaba inscrito en ningún padrón de apoyo gubernamental y sólo recibió 15 mil pesos por la toma de agua.

“No hubo resarcimiento, hubo favoritismos porque fue año político. Todo se echó a perder cuando entró el gobierno a repartir los recursos que nos tocaban a los afectados. Le entregó recursos a los ricos y aún más a los que vivían en otros municipios que no son parte de la zona afectada”.

Frente a su casa hay una planta empacadora de ajo, que a la fecha se encuentra paralizada, ahí trabajaban 30 personas por cada tres turnos y también se perdió la fuente de empleo. Hasta la fecha está paralizada.

Óscar Navarro Soto, de Aconchi, tiene una tostadora de cacahuate donde se produce tonelada y media diaria por tres meses. Cada tonelada cuesta 23 mil pesos.

No hubo producción en dos años y perdió todo. Su negocio no fue apoyado.

“El fideicomiso me ignoró”. Este año volverá a producir en octubre sin importar si el producto está contaminado “porque hay que comer”. A dos años del derrame la situación es difícil, refirió.

Los habitantes de la cuenca del río Sonora mantienen su inconformidad a dos años del derrame de tóxicos por parte de la mina Buenavista del Cobre y aseguran que la circunstancia los obliga a sobrevivir en la fuente de contaminación.]

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