Derrame en río Sonora sepultó fuente de ingresos y progreso
Don Ramón califica como una “cochinada” la entrega de los recursos por parte del Fideicomiso Río Sonora, “a muchos afectados no les tocó un peso, mientras a los ricos ganaderos y agricultores que sufrieron pocos daños les tocaron grandes cantidades.
“Los ricos más ricos y los pobres más pobres”, resumió, cuando fue entrevistado en la plaza municipal de Ures, frente al ayuntamiento.
Antes del derrame de 40 millones de metros cúbicos de metales venenosos a las cuencas hidrológicas, los lecheros de Banámichi tenían una economía próspera, con una producción de entre tres mil y cinco mil litros del lácteo diario. Lo poco que producen ahora se vende en Imuris y Hermosillo.
Sergio Yescas, agremiado a la Unión Ganadera Regional de Sonora (UGRS), recordó que los productores ordeñaban 140 reses y después de la emergencia por contaminación se quedaron sólo con 60.
“Más de 80 mil litros de leche fueron arrojados al drenaje y, aunque el gobierno y el fideicomiso nos pagaron una compensación, el negocio se acabó”, comenta con tristeza.
Durante la contingencia estuvo prohibida la venta y entraron fuertes compañías nacionales e internacionales y les arrebataron el mercado. “El pez grande se come a los más chicos. Ni modo”, lamenta.
Para Jesús Miranda Ruiz, la situación ha sido peor. Tenía sembrada una hectárea de chile, otros cultivos preparados de pasto y de ajo; todo lo perdió porque prohibieron el riego, la plantación se secó y calcula que sus pérdidas pudieron llegar a los 200 mil pesos.
No estaba inscrito en ningún padrón de apoyo gubernamental y sólo recibió 15 mil pesos por la toma de agua.
“No hubo resarcimiento, hubo favoritismos porque fue año político. Todo se echó a perder cuando entró el gobierno a repartir los recursos que nos tocaban a los afectados. Le entregó recursos a los ricos y aún más a los que vivían en otros municipios que no son parte de la zona afectada”.
Frente a su casa hay una planta empacadora de ajo, que a la fecha se encuentra paralizada, ahí trabajaban 30 personas por cada tres turnos y también se perdió la fuente de empleo. Hasta la fecha está paralizada.
Óscar Navarro Soto, de Aconchi, tiene una tostadora de cacahuate donde se produce tonelada y media diaria por tres meses. Cada tonelada cuesta 23 mil pesos.
No hubo producción en dos años y perdió todo. Su negocio no fue apoyado.
“El fideicomiso me ignoró”. Este año volverá a producir en octubre sin importar si el producto está contaminado “porque hay que comer”. A dos años del derrame la situación es difícil, refirió.
Los habitantes de la cuenca del río Sonora mantienen su inconformidad a dos años del derrame de tóxicos por parte de la mina Buenavista del Cobre y aseguran que la circunstancia los obliga a sobrevivir en la fuente de contaminación.]




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