Niña graba conversación con su padre para evidenciar abusos
La historia de María, que no se llama María, ilustra el laberinto burocrático y judicial por el que a menudo tienen que pasar los pequeños que denuncian abusos de sus padres. Cuando hay mala relación entre los progenitores y no existen pruebas físicas claras de las agresiones, los jueces tienen que tomar una decisión solo con los testimonios de los protagonistas y con la exploración técnica que realiza el equipo psicosocial de los juzgados. El perito que examinó a María no le creyó y un juzgado de Madrid archivó su caso en enero de este año, una decisión confirmada después por la Audiencia Provincial. La madre ha denunciado ahora la conversación en la que el padre admite los abusos.
Según la nota de El País, el carpetazo judicial no sirvió para que la niña, hija única de la pareja, desistiera de sus acusaciones, que empezaron hace dos años, después de que la tuvieran que llevar al pediatra porque sentía escozor al orinar. Cuando le preguntaron desde cuándo le pasaba, contestó: “Desde que papá me clavó la uña”. Luego fue contando que su padre le hacía “cosquillas” en los genitales y que a ella no le gustaba. En agosto de 2014, después de que varios análisis mostraran restos de infección vaginal, la menor volvió al servicio de urgencias con los mismos síntomas tras estar 10 días con el padre. El diagnóstico médico es “sospecha de abuso sexual”.
Ahí entró la niña en la espiral del sistema de protección de menores: declaraciones ante médicos, policía, forenses y jueces, que le pedían que les relatara una y otra vez qué le hacía su padre. Y ahí empezaron también los gritos y peleas de los padres a las puertas del colegio cada vez que el progenitor acudía con la intención de llevarse a su hija.
Los dos últimos años de María han transcurrido entre denuncias cruzadas de sus padres por los abusos a la menor, incumplimientos de la mujer en el régimen de visitas y amenazas del hombre hacia su ex mujer. Hasta que el martes 7 de junio, la niña cogió una pequeña grabadora de su madre y, al terminar las clases, se fue al baño y se la metió en el calcetín. Ahí quedaron grabadas las siguientes seis horas, que pasó con sus abuelos y su padre. Cuando habían transcurrido 3 horas y 42 minutos, el padre le recrimina que no esté bien con él. Tras un pequeño rifirrafe, el hombre le pregunta. “¿Pero cuándo te he tocado yo?”. “Muchas veces”, contesta la cría. “Pero cariño, eso es para jugar”, replica el padre. “Es que no tienes que hacerme eso nunca, mi cuerpo es mío”. “Tu cuerpo es tuyo, efectivamente (…), cuando tú decías que no te tocara, yo paraba”, le dice el padre, que añade: “Yo lo único que te estaba haciendo era cosquillas y estaba jugando contigo”.]




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